¿No os ha pasado alguna vez que os sorprendéis un buen día almorzando uno de esos sueños magníficos que todos tenemos y te das cuentas que el sabor no es del todo correcto?24Doce – Pesadilla a las 1430 horas
Carrera 24 horas de relevos en bici.
La mañana empieza bien. Desayuno inconsistente y pocas horas de sueño, propio de una buena preparación. Camino a San Agustín de Guadalix y encuentro con Gregorio. Astrolabio, weather forecast, juegos de sombras y encontramos lugar preciso para la tienda de campaña. Se montan rápido gracias a la ilusión de la inminente carrera. Inocentes. Poco antes hemos montado la carpa con más pena que gloria, pero se sostiene. Nos juntamos con Charlie y Fil. Equipo completo, equipo comansi.
Cinco segundos después de llegar a la carpa todos, el caos se adueña de los 9 metros cuadrados que serán nuestra casa. Paseito, reconocimiento de recorrido y preludio de caló, musho caló.
A las 1145 me dirijo a la salida. Soy el primer relevo. 24 horas por delante y salimos como perseguidos por el diablo. Esto no tiene sentido. O sí. Sólo un pequeño tapón en la zona de salida y encaramos a las primeras cuestas. Se suben a ritmo pensando ya en la veredita de bajada. Grandiosa aunque vamos en manada y no se deja disfrutar. Llaneo con río y escalera. Primer piñazo del personal que veo. Lo evito. Encaramos por primera vez la Cuesta. También a ritmo sin pensar en que pasaremos por allá otras tantas veces. Hemos estimado 45 minutos por vuelta. En 34 estoy de regreso. Lo pagaremos. Gregorio sale como una exhalación y yo me quedo comentando la jugada con el resto del equipo. Conclusiones; no he vomitado y hace caló, musho caló.
Charlie se dirige a la zona de transición. Es un horno. Sólo hay dos o tres sombrillas de playa con 30 tíos debajo, cada una. Pero es el primer relevo y todo se lleva. Gregorio da el testigo a Charlie y este una media hora después a Fil. A los 30 min de haber salido este último me dirijo al horno. Son casi las dos menos cuarto. 42 grados a la sombra. Los cactus piden clemencia al cielo y a parte de los locos de las bicis, ni un alma. No hay vida ahí fuera. Cuando me quiero dar cuenta ha pasado más de una hora desde que Fil se fue. Nos preocupamos. Llamamos a su móvil pero no lo lleva. Pasa una hora y media desde que salió. Preguntamos en organización. No hay dorsal 307 ni en hospital, ambulancia ni manicomio cercano. Llevo una hora bajo la sombrilla a más de cuarenta grados, con casco. Fil aparece corriendo con la rueda pinchada. Dos veces sufrió esa fortuna y la segunda ya no había más cámaras. Creí que el móvil era solo para la noche – asevera. Cabeza-corcho es uno de varios adjetivos que surgen. Entre otros muchos.
Salgo al segundo relevo. La hora en la transición me ha quemado. Las primeras rampas parecen mucho más empinadas que la primera vez. El sol se agarra a mi nuca y no quiere dejarme. Sólo en la vereda te da algo de descanso. A la salida te espera otra vez para acompañarte hasta el final. La Cuesta mella las fuerza como picador de toros. El puyazo es horrible. Cuando llego a la transición me voy directo a las duchas. Según llego me meto vestido. Conclusiones; es un infierno ahí fuera.
Greg, Charlie y Fil hacen sus turnos. Fil se encomienda a los dioses para no pinchar. Le hacen caso. Ya le castigaron bastante en la primera vuelta.
En los periodos de descanso bebemos. La carpa es como un microondas al cien por cien de potencia. No hay estómago para comer. Musho caló.
El tercer relevo se hace mirando más el monitor de pulsaciones que la pista. Nos empezamos a conocer y ya nos tratamos mejor. Los tiempos suben algo, el caló nos ha dejado tocados.
Llega la tarde y nubes de tregua. El sol se retira a descansar un rato y se agradece. El cuarto turno se hace. La Cuesta sigue siendo el punto crítico a nivel psicológico sobre todo. No puedo bajarme de la bici, pero mentalmente me puede. Envidio en algún momento a aquellos que eligieron la versión de 12 horas. Les queda poco para el retiro.
Cambiamos el paso para la noche. Haremos 2 vueltas y así descansar más tiempo. Fil me despierta a la una. Se ha quedado sin batería y yo tengo el ticket de la que dejamos cargando. Se va a por su segunda vuelta. Al rato de estar tumbado me voy a prepararme. Es la una y media de la mañana y no he dormido a penas. Hubo música hasta pasadas las doce y media. ¿Porqué? No lo sé.
Cerca de las dos de la mañana me llama Fil. En diez minutos en la zona de transición. Voy para allá y al rato aparece. Su cara es un poema. El caso girado 10 grados a la derecha y los ojos desencajados. Aún así tengo envidia. Se pira a dormir. Foco encendido y delante de mí 20 km y dos Cuestas incluidas. La temperatura es perfecta, pero solo la temperatura. El foco que llevo en el caso me juega alguna mala pasada por no poder ajustarlo bien. Aun así la vereda se puede hacer rápido. Los árboles te siguen atentos con sus ojos rojos. Nos vigilan. Quizás sea la curiosidad de sus habitantes. Es la primera vez que paso por transición sin parar a dar relevo. Los pocos habitantes de este particular circo aplauden. Se agradece. El segundo giro se hace menos penoso de lo pensado. Tiene la recompensa de irte a dormir. Hago cima en la Cuesta y disfruto del momento. Despierto a Gregorio. En diez minutos estoy allá. El momento es memorable. Pasadas las tres de la mañana me abrazo al saco y me reencuentro con Morfeo. Que tío. A las 7 diana. Hay que comer galletas antes de que Fil me mande a galeras. No da tiempo a mucho. La gente vaga por la zona de tiendas como almas en pena. ¿Qué tipo de penitencia es esta? Allá que voy a por los 70 km. No son muchos, pero pesan. Mi trasero dice basta. He negociado desbloquear la suspensión. Le convenzo a seguir. Las piernas entran en rebeldía, pero el ritmo es como el del primer día. Hay ganas de acabar. Giro y la Cuesta… La odio. Ella no tiene la culpa, pero me es igual. La odio. Entre risas y abrazos le pasamos el relevo a Charlie. Es el primero que va a terminar. Cuando lo hace le miramos con mezcla de envidia y admiración. Nosotros estaremos también ahí. Ducha y a relajarse. Fil acaba. No puede quitarse la sonrisa. Su pacto con los dioses le ha durado el resto de la carrera. Está en paz con ellos. Me dirijo a por el último giro. Con esto serán casi 80 km. No hay dolor e incluso la cuesta la subo a ritmo. La he ganado. Por ahora. El momento de dar el relevo a Gregorio no tiene precio. He acabado esta pesadilla. Poco después llega él también. Hemos terminado. 32 vueltas. Da igual si mucho o poco. Son 32 vueltas nuestras.
Nos vamos, sin mirar atrás. Una idea ronda en nuestra cabeza al poco tiempo. ¿Y en solitario? Estamos locos. Bendita locura.
24Doce – Pesadilla a las 1430 horas
julio 9, 2008 por oleader
Advertisement